La señal invisible que lo cambió todo

19 Junio 2026

Ahora mismo, mientras lees esto, tu dispositivo está manteniendo una conversación de alta velocidad con un router. Enviando y recibiendo millones de paquetes de datos por segundo. Sin cables. Sin que notes nada. Sin que nadie te haya pedido permiso.

El wifi lleva tanto tiempo con nosotras y nosotros que ha dejado de parecer tecnología. Es más bien como el aire: invisible, omnipresente, y cuya ausencia resulta insoportable.

Pero detrás de esa señal invisible hay una historia llena de accidentes, de una actriz de Hollywood, de radiotelescopios australianos y de una pelea de décadas sobre quién inventó realmente qué. Y cerquita del 20 de junio, Día Mundial del WiFi, es la excusa perfecta para contarla.

Empecemos por la parte que sorprende a todo el mundo: una parte fundamental de la tecnología que hace posible el wifi fue desarrollada por Hedy Lamarr, actriz austríaca considerada una de las mujeres más bellas de Hollywood en los años 40. Junto con el compositor George Antheil, patentó en 1942 un sistema de comunicación de espectro ensanchado pensado originalmente para guiar torpedos de forma inalámbrica sin que el enemigo pudiera interferir la señal.

La patente caducó antes de que nadie la usara. Décadas después, ese principio —saltar entre frecuencias para evitar interferencias— resultó ser la base de tecnologías como el Bluetooth, el GPS y el propio wifi. Lamarr nunca cobró un céntimo por ello.

Después llegaron los radiotelescopios. En los años 90, un equipo del organismo científico australiano CSIRO intentaba detectar mini agujeros negros usando ondas de radio. No encontraron los agujeros negros, pero en el proceso desarrollaron un algoritmo para limpiar el "eco" que distorsionaba las señales en espacios cerrados. Ese algoritmo es hoy el corazón del estándar wifi que usamos en oficinas, casas, cafeterías y bibliotecas de todo el mundo.

Radiotelescopio

Wifi no es un acrónimo es una marca registrada por la Wi-Fi Alliance, la organización que certifica que los dispositivos cumplen los estándares de comunicación inalámbrica IEEE 802.11.

El Día Mundial del Wifi no es sólo una celebración tecnológica. Es también un recordatorio incómodo: no todas las personas tienen acceso a esa señal invisible.

Según datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, más de 2.600 millones de personas en el mundo siguen sin acceso a internet. Y dentro de quienes sí tienen acceso, la calidad es enormemente desigual: la velocidad, la estabilidad y el coste varían de forma dramática según el país, la región, el barrio o incluso el piso del edificio en el que vives.

La brecha digital no es solo una cuestión de infraestructura. Es una cuestión de derechos. En un mundo donde estudiar, trabajar, acceder a servicios de salud, participar en la vida pública y comunicarse con otras personas requiere conexión, no tenerla es una forma de exclusión con consecuencias muy reales.

  • El wifi tiene peso físico. O casi. Los datos se transmiten como energía electromagnética, que tiene masa equivalente según la relatividad especial. Un gigabyte de datos transmitidos por wifi tiene una masa equivalente a unos 10⁻²³ gramos. Ínfimo, pero no cero.
  • Tu router habla varios idiomas a la vez. Los estándares wifi han evolucionado desde el 802.11b de 1999 hasta el wifi 7 actual, cada versión con mayor velocidad y eficiencia. La mayoría de los routers modernos son compatibles con varios estándares simultáneamente para no dejar fuera a dispositivos más antiguos.
  • El wifi público no es igual de seguro. Conectarse a una red pública sin VPN expone el tráfico a cualquier persona en la misma red que sepa escuchar. En una biblioteca, en un aeropuerto, en una cafetería la comodidad tiene un precio en privacidad.
  • Las paredes importan, pero no todas igual. El hormigón y el metal bloquean la señal mucho más que el yeso o la madera. Si tu wifi es débil en alguna habitación, lo más probable no es que el router sea malo, es que hay algo físico en el camino.

Desde la Biblioteca Universitaria, el wifi no es sólo un servicio de conectividad. Es una infraestructura de acceso al conocimiento. Cada persona que entra y se conecta a nuestra red está, en ese momento, con acceso potencial a millones de artículos, bases de datos, recursos educativos y comunidades de aprendizaje de todo el mundo. Por eso celebramos este día también como un recordatorio de que la conectividad no puede ser un privilegio. Que garantizar el acceso a una señal estable y segura es parte de garantizar el derecho a la educación y a la información.

Hoy celebramos la señal invisible que conecta personas, ideas y conocimiento. Y recordamos que el verdadero reto no es la velocidad de la conexión, es que llegue a todas partes.

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