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Los sueños de Cecilia

28 Abril 2026

Se llamaba Evangelina Sobredo Galanes, pero para el público y el mundillo musical era simplemente Cecilia. ¿O deberíamos hablar en presente: «es simplemente Cecilia»? Porque, a pesar de los 50 años transcurridos desde su prematura muerte, su nombre todavía se recuerda como uno de los más frescos y prometedores del panorama musical español de los años 70 del siglo pasado. De ahí que merezca un espacio en este blog.

Si hubiera que definir musicalmente a Cecilia, sería como cantautora. Ser hija de militar y diplomático le permitió familiarizarse con la lengua y los estilos de la música británica y estadounidense de su adolescencia y juventud. De ahí que sus primeras letras las escribiera en inglés y español, si bien terminaría inclinándose por el idioma natal. Su trayectoria profesional fue muy corta, de apenas cinco años. Llegó a publicar tres elepés de estudio y uno recopilatorio, más diez sencillos, con la discográfica CBS entre 1972 y 1976. El primero se tituló igual que su nombre artístico (elegido en honor al tema homónimo de Simon y Garfunkel, una vez que el de Cecilia ya estaba registrado); la crítica lo recibió como una promesa hecha realidad. Al año siguiente salió al mercado Cecilia 2; y en 1975 vio la luz Un ramito de violetas, su mayor éxito de ventas, aunque no tan bien acogido por la crítica como el anterior. Aún tuvo tiempo de lanzar dos últimos sencillos en 1976, uno de ellos en inglés para los Estados Unidos, posible adelanto de una aventura norteamericana que nunca tendría lugar. En los años que siguieron a su fallecimiento, y hasta hace una década al menos, se publicaron temas inéditos y varios recopilatorios, además de un Todo Cecilia (2016) que incluye el material editado en vida, el completado póstumamente y maquetas.

El grandes éxitos de la Mediateca es un compilatorio de 2006 de Sony Music que lleva por subtítulo «Un millón de sueños». Reúne 34 temas en español y A Million Reasons (cabecera del single americano), más el añadido de seis de sus canciones más importantes interpretadas por Expresión, Manzanita, Rocío Dúrcal, Mocedades, Fangoria + Le Mans y Víctor Manuel con Pablo Milanés. Un tercer disco, en formato DVD, contiene algunas de sus numerosas actuaciones televisivas y los clips que se grabaron para promocionar su participación en el Festival de la OTI de 1975.

La selección permite hacerse una buena idea del cantar y el componer de la artista. (Cecilia componía todas sus canciones, que eran luego arregladas por Juan Carlos Calderón o Pepe Nieto y producidas por José Luis de Carlos.) Desde Un ramito de violetas, sin duda la canción más famosa, hasta Tú y yo y Una guerra, estos dos salidos como último sencillo en 1976. La voz de Cecilia, tan pronto firme como frágil, se adapta a los asuntos a los que canta. De indudable calidad poética, las letras dan cabida a lo íntimo, a los recuerdos, al amor más o menos existencial y triste; pero también a las inquietudes políticas y sociales. De esto último derivaron los problemas con la censura franquista, que no podía ver con buenos ojos el matiz feminista de Me quedaré soltera, la alusión al suicidio en Si no fuera porque..., ni la crítica al falso puritanismo de clase media/alta en Dama, dama. Mucho menos le agradaría las referencias a la Guerra Civil de Un millón de sueños, que se titulaba en origen Un millón de muertos, un cita directa a la novela de José María Gironella. Hubo que modificar versos aquí y allá, como los de Mi querida España («Esta España viva, esta España muerta, esta España blanca, esta España negra»); descartar temas como Soldadito de plomo, crítica al Ejército que no se publicó en vida de Cecilia; incluso, cambiar portadas que hoy tendrían nula repercusión, pero que entonces se consideraban de dudosa moral...

¿Qué camino habrían tomado la carrera y la vida personal de Cecilia, de no haber mediado el trágico accidente de tráfico que le arrebató ambas cosas el 2 de agosto de 1976? Sus corazón y su voz se apagaron cuando contaba con 27 años, edad fatídica para quienes crean en destinos y hados. Pero, al igual que sucede con Nino Bravo (otra gran voz del panorama musical español de la época, desaparecido en circunstancias similares en 1973), quedan sus canciones y sus discos para recordarla y disfrutarla tanto tiempo después.

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