Desinformación científica en España 2026: informe de la FECYT
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La Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) ha publicado la segunda edición de su informe Desinformación científica en España (2026), coordinado por Celia Díaz Catalán (Universidad Complutense de Madrid) y Pablo Cabrera Álvarez (Universidad de Essex), en el marco del proyecto europeo IBERIFIER Plus. A partir de 2.215 entrevistas, el estudio ofrece una radiografía de cómo se informa la ciudadanía española sobre ciencia, en quién confía y cómo se enfrenta a la desinformación científica.
L
o más relevante del informe
La exposición a los bulos científicos es elevada. El 40 % de las personas encuestadas afirma haber recibido información falsa sobre nutrición y bienestar durante la semana anterior a la encuesta; el 36,2 % sobre cambio climático (3,5 puntos más que en 2022) y el 31,9 % sobre tratamientos médicos.
Los canales digitales concentran la mayor parte de la desinformación. Más del 70 % de quienes afirman haber visto bulos científicos los encontraron en redes sociales o plataformas de vídeo. Además, un 29,8 % identifica ya la inteligencia artificial como una nueva vía de difusión de contenidos engañosos.
Existe una paradoja en la percepción de la ciudadanía. El 51,5 % considera que sabe identificar información falsa, pero solo un 3 % cree que la población en general es capaz de hacerlo. De hecho, un 81,9 % desconfía de la capacidad de los demás para distinguir la información veraz de la desinformación.
La inteligencia artificial genera opiniones encontradas. Un 62,4 % piensa que facilita la propagación de bulos, mientras que solo un 27 % considera que puede ser una herramienta útil para combatirlos.
La verificación sigue apoyándose en fuentes tradicionales. Ante un titular dudoso, la mayoría recurre a medios de comunicación de confianza (31,8 %), buscadores generalistas (24,3 %) y servicios especializados de verificación (14,6 %).
¿Qué podemos aportar las bibliotecas?
Frente a este panorama, las bibliotecas universitarias desempeñan un papel discreto pero esencial. Muchas de las tareas que realizamos a diario contribuyen directamente a mejorar el acceso a información científica fiable y a fortalecer la capacidad crítica de la comunidad universitaria.
Acceso abierto. Facilitar el acceso directo a los artículos científicos revisados por pares reduce la dependencia de titulares o interpretaciones de terceros. Cada documento depositado en un repositorio institucional pone a disposición de cualquier persona una fuente fiable, accesible y verificable.
Alfabetización informacional. Formamos a estudiantes, personal docente e investigador y profesionales en la evaluación crítica de la información, enseñando a identificar fuentes fiables, reconocer indicadores de calidad y distinguir las revistas científicas legítimas de las publicaciones depredadoras.
Apoyo a la integridad científica. Asesoramos sobre buenas prácticas de publicación, ayudamos a identificar revistas depredadoras y alertamos sobre prácticas editoriales cuestionables, contribuyendo así a preservar la calidad y la credibilidad de la investigación.
El informe pone de manifiesto que combatir la desinformación científica no depende únicamente de la tecnología o de las plataformas digitales. También requiere fortalecer la cultura científica y garantizar el acceso a información rigurosa y verificable.
En ese ámbito, las bibliotecas universitarias desempeñan un papel estratégico. Favorecer el acceso abierto a la investigación, promover la alfabetización informacional y apoyar unas prácticas de publicación responsables son contribuciones concretas para que el conocimiento científico llegue a la sociedad de forma más transparente, accesible y fiable.
